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El mapa celeste refleja el laberinto de la vida, y las zonas del alma en las que vamos a ser examinados por deudas contraídas en existencias anteriores. ¿Tendremos el valor de reconocernos en ella, o haremos como la bruja del cuento "Blancanieves", que destruyó el espejo porque no quería admitir lo que éste le reflejaba?
Para empezar, el mapa celeste nos dice las vidas anteriores, qué tipo de deudas kármicas hemos contraído y cuáles son las lecciones que debemos aprender en esta encarnación. Nos informa sobre nuestro Ángel, el triángulo evolutivo que debemos realizar para ascender en el Sendero, y por supuesto, las 12 casas: personalidad, recursos, talentos, virtudes, cómo ganarnos mejor la vida; hermanos, escritos, viajes cortos; padre, infancia, raíces genéticas, el último cuarto de la vida; amor, romances, hijos, aficiones; trabajo, servicio, salud; matrimonio, socios y aliados, enemigos declarados; estados alterados de conciencia, herencias, testamentos, muerte; viajes largos, extranjero, nuestro mundo espiritual, familia política; madre, carrera, destino, vocación; amistades y proyectos largos; enfermedades crónicas, enemigos ocultos, vida mística, miedos y fobias del inconsciente…
En todas esas facetas seremos sometidos a prueba, para corregir nuestras pautas de comportamiento -esos arquetipos que Jung bautizó como sinónimos de Idea en el sentido platónico, y que se identifican con los planetas…- hasta construir en nuestro interior un Templo del Sol.
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